
El estrés está aquí para quedarse, ¿qué vas a hacer al respecto?
El estrés no es el villano de la historia. De hecho, en pequeñas dosis, puede ayudarte a reaccionar rápido y mantenerte alerta. El problema es cuando se vuelve una constante en tu vida, afectando tu salud, tu estado de ánimo y hasta tus relaciones.
La ansiedad, por su parte, es esa sensación de que algo malo está por pasar, aunque ni siquiera sepas qué es. Te mantiene en un estado de alerta innecesario, como si estuvieras esperando un peligro que nunca llega.
No se trata de eliminar el estrés y la ansiedad, porque eso sería imposible. Se trata de aprender a manejarlos para que no sean ellos los que te controlen a ti.
Cómo hacerle frente al estrés sin complicarte la vida
Respirar de forma consciente puede hacer maravillas. Cuando te sientas abrumado, haz una pausa y respira profundo. Inhala contando hasta cuatro, sostén el aire unos segundos y exhala lentamente. No es magia, es ciencia: oxigenar bien el cuerpo ayuda a calmar el sistema nervioso y a pensar con más claridad.
Descargar el estrés es fundamental. Cuando no lo liberas, se transforma en tensión, insomnio o mal humor. Encuentra una actividad que te ayude a soltarlo: hacer ejercicio, escribir lo que sientes, caminar o incluso escuchar música. Lo importante es no dejar que se acumule.
Céntrate en lo que sí puedes controlar. Muchas veces, la ansiedad viene de querer manejar cosas que no dependen de ti. Antes de obsesionarte con un problema, pregúntate: «¿Puedo hacer algo al respecto?» Si la respuesta es sí, actúa. Si no, suéltalo.
No se trata de evitar el estrés, sino de enfrentarlo con inteligencia
La diferencia entre quienes viven abrumados y quienes logran gestionar su bienestar está en cómo manejan la presión. Aprender a reducir el estrés y la ansiedad no es un lujo, es una necesidad para vivir mejor.
AUTOR – CONFERENCISTA DE FELICIDAD, BIENESTAR, CAMBIO Y CULTURA ORGANIZACIONAL, FUNDADOR DE ESCUELA PARA SER FELIZ
FELIPE BUITRAGO
¿Por qué la felicidad siempre parece estar un paso adelante? Nos han hecho creer que la felicidad es algo que se alcanza cuando logramos ciertas